domingo, 22 de enero de 2017

Descubriendo Asia Menor II. Día 1, 2ª Parte. Kyme.

Media hora escasa de conducción nos trasladan hasta la costa de la Eólida, concretamente al tramo dominado por la ciudad de Aliaga. Se trata de un área fuertemente industrializada, donde destacan dos grandes áreas portuarias surcadas por abundante tráfico pesado tanto marítimo como terrestre. Un cartel situado en la autovía general que recorre la fachada occidental de Turquía nos indica la salida que hay que tomar para visitar las ruinas de la antigua ciudad de Kyme. Lamentablemente ésa es la única señalización existente de manera que nos perdemos varias veces, preguntamos otras tantas –con escaso aprovechamiento dadas las barreras idiomáticas—y sólo al cabo de cuarenta minutos de trayecto errático, tras el minucioso examen de una foto aérea descargada de internet, damos con la entrada de una pista de tierra que, previsiblemente, conduce hasta las inmediaciones del yacimiento. Nos veíamos ya pateando la ciudad antigua cuando advertimos que nuestras “desdichas” aún no habían concluido. En efecto, apenas llevábamos avanzados unos cientos de metros por la citada pista cuando la pésima calidad del firme –puro barro interrumpido por charcos de ignota profundidad— aconsejó detener el vehículo y reflexionar un poquito… ya que no era plan de quedarse atascados en el barro y camino íbamos de ello. El caso es que decidimos dar la vuelta al coche –maniobra bastante laboriosa dada la gran estrechez de la vía—y deshacer el camino hasta llegar adonde una pequeña explanada permitía dejar el coche estacionado sin bloquear la vía. El resto del camino hasta Kyme había que hacerlo a pie y contrarreloj, casi a paso ligero, dado que la tarde ya estaba avanzada y el sol había empezado a declinar en el cielo. No es que fuera mucha distancia: tal vez un poco más de un kilómetro pero dado que ni siquiera estábamos totalmente seguros de que el yacimiento estuviera por ahí se nos hicieron bastante largos. De hecho íbamos a darnos ya la vuelta cuando divisamos en la distancia lo que parecía ser un cartel explicativo. Y lo era. Y Kyme estaba, de hecho, al lado sólo que a contraluz, razón por la que no veíamos sus ruinas desde lejos.

Foto 1.- Restos del puerto antiguo de Kyme.

La historia de Kyme (Cyme en latín, Cime en castellano) es larga como pocas. Fue fundada por colonos griegos procedentes de la ciudad de Locris en algún momento del siglo VIII a.C. El asentamiento prosperó grandemente hasta el punto de conformar una suerte de emporio local enfocado al comercio marítimo, con escasa relación con el interior de Anatolia. Con el correr del tiempo sería considerada la mayor y más importante de las ciudades eolias: una apetecible presa, por tanto, para el imperio persa que la conquistara en el año 540 a.C. 

Foto 2.- Entrada al castillo bizantino localizada en su esquina NO. Cuerpo de guardia anejo.

Durante la soberanía persa el magnífico puerto de Kyme serviría como base naval de la flota aqueménida encargada del dominio del estratégico estrecho del Helesponto. Esto explica que los restos de la flota persa derrotada en Salamina acudieran a refugiarse en la rada cimeana.

A pesar de que Kyme se unió a la gran revuelta jonia contra los persas (499-493 a.C.) no parece que fuera duramente castigada por los victoriosos aqueménidas. Su prosperidad no se interrumpió tras la conquista alejandrina de Asia Menor ni tampoco fue afectada por las guerras entre los diadocos. En un principio formó parte del Imperio Seleúcida si bien tras la muerte de Antíoco III en la batalla de Magnesia --evento que pusiera punto y final a la presencia seleúcida en el oeste de Asia Menor— resolvió declararse aliada de Roma, siendo recompensada por ésta con la exención de impuestos. El hecho de que Kyme dispusiera de margen de maniobra para concertar una alianza con una potencia tan poderosa como Roma en una fecha relativamente tardía del helenismo como el 189 a.C. constituye una prueba fehaciente de su crecida importancia a nivel local cuanto menos. Otra prueba no menos decisiva es la acuñación entre el 165 y el 140 a.C. de varias series sucesivas de magníficos tetradracmas, identificadas por sus respectivos magistrados monetales, cuyo volumen total debió ser bastante elevado a tenor del significativo número de ejemplares que ha llegado hasta nuestros días. La moneda de la figura 1 servirá para ilustrar estas emisiones:

Figura 1.- Tetradracma acuñado en Kyme durante el periodo 165-140 a.C.

Numismáticamente hablando Kyme es célebre entre los coleccionistas “de a pie” por sus acuñaciones de bronces de pequeño tamaño. Aunque sin duda hubo muchas series sucesivas, pueden dividirse en dos grandes grupos. El primero se caracteriza por la vasija tipo “esquifo” del reverso, variando algo más el anverso (caballo, águila, etc). Su arco cronológico se ha fijado entre el 350 y el 250 a.C. El segundo presenta busto femenino a derecha (la amazona de nombre Kyme que fundara la ciudad según la mitología local) en anverso y caballo pasante en reverso. Fueron acuñadas entre el 250 a.C. y el 190 a.C. En ambos grupos las series se diferencian entre sí por los nombres de los magistrados  monetales (iniciales o monogramas) y por las marcas de control, siendo en casi todos los casos monedas bastante comunes, asequibles incluso en calidades medio-altas. Esto indica que fueron acuñadas en cantidades realmente cuantiosas, lo que de paso nos aporta otra evidencia de la gran prosperidad de la ciudad durante la época helenística. En la figura 2 podemos contemplar un bonito ejemplar de cada grupo.

Figura 2.- Monedas de bronce acuñadas en Kyme durante el periodo helenístico, entre el año 350 y el 190 a.C.

En 17 d.C. la ciudad fue gravemente afectada por un potente terremoto (el mismo que afectara a la mayoría de las ciudades del occidente microasiático). La catástrofe se repetiría en el año 94. En ambas ocasiones Kyme demostraría su vigor como ciudad arreglándoselas para reconstruir lo dañado y volver a ser una dinámica ciudad portuaria. Las acuñaciones monetales de la ciudad durante el periodo imperial comienzan en el reinado de Nerón prolongándose hasta el reinado de Galieno, con destacables hiatos de producción entre medias. Son monedas de bronce de pequeño-mediano tamaño, temática religioso-imperial típicamente microasiática y correcto acabado en el mejor de los casos. Resultan significativamente más difíciles de encontrar que los tipos helenísticos del párrafo anterior aunque sin llegar a ser escasas. Está claro que la ciudad, aunque todavía próspera, no alcanzó durante el periodo imperial los niveles de esplendor de épocas pasadas, posiblemente al haber sido eclipsada por el gran emporio mercantil de Éfeso. La figura 3 presenta cuatro bronces acuñados en Kyme durante el periodo imperial. La primera  moneda (arriba-izquierda) es un AE19 acuñado a nombre de Nerón, con la amazona Kyme estante en reverso, portando tridente y fiale/pátera. La segunda (arriba-derecha) es una emisión pseudo-autónoma acuñada en tiempos de Gordiano III. En el anverso aparece un busto femenino representando al senado de Kyme, en el reverso un dios fluvial recostado en referencia al cercano río Hermos. En cuanto a la tercera moneda (abajo-izquierda) es un AE28 a nombre de Valeriano I. Su reverso conmemora cierto hermanamiento entre Kyme y Éfeso en la forma de la amazona Kyme a la derecha y la gran Artemisa de los efesios a la izquierda. Por último el cuarto ejemplar (abajo-derecha) es un AE20 acuñado a nombre de Galieno mostrando en reverso una figura masculina desnuda, probablemente un atleta célebre, con la mano izquierda apoyada sobre el lomo de un caballo (uno de los motivos recurrentes en la iconografía de Kyme como se recordará de los bronces helenísticos).

Figura 3.- Monedas de bronce acuñadas en Kyme en época imperial romana.

Kyme proseguiría su andadura en el Bajo Imperio y la época bizantina temprana como sede de un obispado sufragáneo del metropolitano de Éfeso. Esto indica que seguía conservando cierto vigor económico. Las investigaciones arqueológicas señalan que durante los siglos IV al VI d.C. no se contrajo su área urbana, bastante extensa por cierto. Lamentablemente, las invasiones persa y árabe del siglo VII arruinarían la prosperidad de que pudiera disfrutar la ciudad, que ya nunca se recuperaría, siendo abandonada en gran parte. A pesar de todo la ciudad debió seguir existiendo: así lo indican las referencias a sus obispos a lo largo de los siglos alto y pleno medievales, datando la última conocida en 1229. En sus últimos doscientos años de existencia (siglos XII-XIII) Kyme vio reducida su área habitada a la zona contigua a las instalaciones portuarias. Un pequeño castillo fue levantado en una fecha inconcreta del siglo XII junto a los muelles de puerto a fin de garantizar una cierta protección a los cimeanos. La conquista turca de la zona –primera mitad del siglo XIV-- conllevaría la definitiva despoblación de la ciudad.

Foto 3.- Edificio romano con entrada de mármol sobre el que se apoya la muralla del castillo bizantino.

Lo primero que advertimos al penetrar en el solar de la antigua Kyme es que el yacimiento está muy poco excavado. Como además está cubierto de maleza no se aprecian elementos arquitectónicos en superficie. La exploración con georradar ha permitido localizar e identificar los elementos más destacables de la ciudad, entre ellos un teatro, un ágora con sus stoas porticadas, un santuario dedicado a la diosa egipcia Isis y un recinto termal de cronología romana. Una pequeña zona del ágora sí que ha sido excavada pero es muy poco lo que se puede ver debido a la gran altura que alcanza la maleza: algo nada sorprendente habida cuenta que la antigua Kyme es hoy un área pantanosa donde no faltan las zonas anegadas. De hecho, al desplazarse por el yacimiento conviene mirar bien por donde se camina si no se quiere acabar metido en agua hasta la rodilla… y eso habiendo llovido muy poco últimamente en la región, en temporada húmeda debe ser mucho peor.

Foto 4.- Vista del muro septentrional del castillo bizantino. Dependencias de cronología medieval en primer plano.

La parte visitable del yacimiento es la correspondiente al puerto y el castillo bizantino, incluido el interior de éste: totalmente excavado y en donde se agrupan estructuras de varias épocas.

Del puerto de Kyme quedan algunas líneas de sillares in situ pertenecientes a los muelles tanto en dirección paralela a la costa como introduciéndose perpendicularmente en el mar. Resulta más “vistosa” la parte inmediata al castillo (foto 1) pero hay más restos siguiendo la costa hacia al norte.

Foto 5.- Esquina suroccidental del castillo bizantino.

El castillo bizantino presenta un acceso en su esquina noroeste flanqueado por sendas torres (una grande y otra pequeña). Anejo al intradós de esta entrada se observa una suerte de cuerpo de guardia en cuya fábrica no faltan bloques reutilizados de andesita y de mármol (foto 2).

La muralla septentrional del castillo transcurre en dirección NO-SE. En esta parte de su recorrido se apoya parcialmente sobre un paramento de sillería de andesita rojiza mucho más antiguo, probablemente de época helenística tardía o romana. La excavación realizada indica que se trata del muro perimetral de un edificio monumental, del cual se ha conservado una escalinata de mármol otrora enmarcada por un pórtico columnado (foto 3). Esto último se sabe porque han sido halladas in situ las bases de dichas columnas.

Foto 6.- Entrada al castillo bizantino localizada en las inmediaciones de su esquina SO.

Anejos al muro septentrional de la fortaleza se encuentran los restos de una serie de dependencias rectangulares, probablemente medievales, correspondientes por tanto al último periodo de habitación del lugar (foto 4).

El interior del castillo bizantino está anegado en buena parte, motivo por el que no es fácil de visitar. Resulta preciso buscar espacios secos desde los que contemplar las ruinas. La esquina suroccidental de la muralla (foto 5) presenta un acceso fácil y por ello la escogemos para examinar la fábrica de la fortaleza. Comprobamos que se ha empleado un sistema de triple hoja con dos paramentos externos de buena factura levantados con sillarejos toscos: la mayoría de ellos reutilizados lo que obliga al empleo de abundantes ripios regularizadores. El núcleo central responde a la habitual aglomeración de mortero de cal y mampostería sin desbastar. 

Foto 7.- Torreón de flanqueo del castillo bizantino de Kyme.

Justo en el ángulo de la esquina SO de la muralla se encuentra el segundo de los accesos al castillo bizantino (foto 6). A su derecha un poderoso torreón cuadrado lo guarda de cerca; el lado izquierda queda a cargo de una segunda torre, bastante más pequeña. Así mismo, se conserva in situ parte del marco de la puerta de acceso, ejecutado con sillares de caliza blanca reutilizados. 

La responsabilidad del flanqueo de la fortaleza descansa en tres grandes torres cuadradas, acusadamente proyectadas hacia el exterior. Dos de ellas no sólo cubren un amplio tramo de cortina sino que también flanquean sus respectivas puertas de acceso (lo hemos visto). La tercera se alza más o menos a la mitad de la muralla oriental del castillo, siendo la estructura más aparatosa de todo el conjunto castral (foto 7).


Fotos 8 y 9.- Área residencial tardorromana o bizantino temprana localizada en las inmediaciones de la muralla septentrional del castillo bizantino.

Llegamos a la esquina sudoriental del castillo bizantino. Las excavaciones han sacado a la luz un conjunto de estructuras habitacionales que se extienden en un área más o menos amplia en las inmediaciones del extradós de la muralla norte, esto es por fuera (fotos 8 y 9). Probablemente se trata de los restos de un área residencia de cronología tardorromana o bizantino temprana. Así lo indica, en efecto, la buena factura de sus muros y su disposición sobre el terreno. Estas estructuras fueron niveladas antes de la construcción del castillo tal y como se puede apreciar en la foto 10 comparando el nivel de cimentación de la muralla de éste y el de las citadas estructuras: claramente situadas a menor cota, por debajo del citado nivel de cimentación. El motivo no fue otro que vaciar de edificaciones los alrededores de la fortaleza, algo totalmente necesario desde el punto de vista castellológico. 

La investigación arqueológica ha detectado la presencia de una red de conducciones cerámicas pertenecientes a la red de suministro de agua a la ciudad. En este momento no se ve ninguna canalización en superficie, sólo algunos fragmentos de tuberías acumulados aquí y allá (foto 11).

Foto 10.- Edificio tardorromano excavado al pie de la torre de flanqueo principal de la entrada NO del castillo. Se observa  su parte más elevada estaba a una cota menor que la más baja del castillo, esto es enterrada durante el periodo de funcionalidad de éste.

La tarde se está poniendo sobre Kyme cuando abandonamos sus muchas veces centenarias ruinas. Por delante nos queda un largo rato de conducción: primero hacia el sur hasta llegar a la gran ciudad de Izmir y luego hacia el oeste, internándonos en ese inmenso brazo de tierra que es la península de Çesme. Casi tres horas nos tomó conseguir estacionar al pie del castillo otomano de la localidad de Çesme. Probamos a cenar en un restaurante de la zona. Tiene buena pinta: correctas instalaciones, vistas al paseo por un lado y al mar por otro... bien. Sin embargo, nuestro gozo está condenado a acabar en un pozo: no sólo nos dan muy mal de cenar sino que además nos meten una interesante clavada: 80 liras turcas –un precio altísimo para Turquía— por dos insulsos mini-kebab y una ensalada incomible al llevar más guindilla que lechuga. Menos mal que dijimos que no al postre que sí todavía nos meten un estacazo más gordo. Nuestro fallo fue no desconfiar de la ausencia de precios en la carta. De hecho los precios se los inventaron sobre la marcha tal y como evidenciaba la tosca factura hecha a mano que nos entregaron. Está claro que pagamos la novatada de ser extranjeros. En fin, allá ellos. ¡Ah!, el establecimiento se llama Sahil Restaurant: un aviso para navegantes… menos mal que al día siguiente nos esperaban más maravillas de la antigüedad, más aroma a siglos del Egeo.

 Foto 11.- Fragmentos de tubería pertenecientes a la antigua red de distribución de agua de Kyme.

jueves, 5 de enero de 2017

Descubriendo Asia Menor II. Día 1, 1ª Parte. Aigai.

Un día soleado, no muy fresco, algo cálido para lo que le correspondería a una fecha de finales de otoño, nos recibe en el hotel próximo al aeropuerto de Izmir donde hemos pasado la noche procedentes de un largo vuelo desde Madrid, con escala en Estambul incluida.


Fotos 1 y 2.- Sarcófagos grecorromanos localizados en la necrópolis de Aigai.

Tras recoger el coche alquilado, no sin superar algunos inconvenientes con la dichosa tarjeta de crédito, enfilamos rumbo al norte. Otra vez nuestros pasos nos han llevado a recorrer las antiguas tierras de Asia Menor. Otra vez la magia de los siglos nos llama desde lo alto de los cerros, en lo profundo de los valles, al pie de las azules aguas del Egeo… allá vamos, pues, no sea cosa de que lleguemos tarde a la cita.

Foto 3.- Restos de una tumba de tipo túmulo en la necrópolis de Aigai.

Nuestra primera visita es Aigai, en tierras de Eolia, cien kilómetros al norte de Izmir. Aunque nuestra idea es visitar las ciudades antiguas de Jonia y Caria, esto es al sur y sureste de Izmir, acudimos primero aquí pues no pudimos hacerlo el año pasado, cuando exploramos la Eólida, por falta de horas de luz.


 Fotos 4 y 5.- Calzada de acceso a Aigai. Flanqueada en algunos tramos por muros de contención tal y como se puede ver en la foto 5.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 10, 3ª Parte. Nysa.

La autovía prosigue hacia el oeste, camino del mar Egeo. Treinta kilómetros calzada adelante llegamos al desvío que manda a la localidad de Sultanhisar. Lo tomamos y, siguiendo la cartelería existente, dejamos atrás la ciudad y enfilamos la carretera local que conduce, monte arriba, a las ruinas de la antigua ciudad de Nysa (Nisa en castellano).


Foto 1 (arriba).- Fragmento de la galería porticada que rodeaba la palestra del Gimnasio de Nysa. Foto 2 (abajo).- Muro posterior de la anterior palestra.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 10, 2ª Parte. Antiochia ad Maeandrum.

Tras dejar Laodicea conducimos hasta las inmediaciones de Denizli, la capital provincial, tomando ahí la carretera D-320 en dirección oeste. Avanzamos a buen ritmo por dicha vía, heredera de la importantísima calzada que, con cabecera en Éfeso, se adentraba en el interior de Anatolia, pasando por Laodicea ad Lycum (lo vimos en el post anterior), camino de Siria, del Éufrates y, más allá, de las remotas tierras del interior de Asia. Hoy en día la antigua ruta no tiene tanta importancia como antaño si bien continua siendo una vía relevante, con dos carriles en cada dirección, bastante cómoda por tanto de transitar.

Nuestro siguiente hito es la antigua ciudad de Antioquía del Meandro, que fuera fundada como Antiocheia y llamada Antiochia ad Maeandrum en tiempos del Imperio romano. Para llegar a él hay que salirse de la D-320 en el desvío que lleva a la localidad de Kuyucak, a unos 65 kilómetros de Denizli y seguir las poco claras indicaciones que hay por allí. No obstante hay que advertir que dichas indicaciones son totalmente insuficientes para localizar el yacimiento: localizado en la cumbre de una monótona colina perdida en el interior de una zona despoblada así como cubierta de arboleda poco espesa. Si nosotros lo conseguimos es porque tenemos bastante desarrollado el olfato arqueológico, de lo contrario nos lo hubiéramos pasado con toda seguridad. Quien quiera saber la manera exacta de llegar que nos lo diga e intentaremos ayudarlo.

Se trata de un asentamiento muy poco conocido, tanto por estar totalmente sin excavar como por no figurar apenas en las crónicas clásicas. Sabemos que fue fundada por el monarca seleúcida Antíoco I (281-261 a.C.), quien la puso su nombre y el de su madre (Antíoca). Estéfano de Bizancio cuenta que no fue una fundación exnovo ya que en el lugar ya existía una ciudad llamada Pithópolis. Plinio el Viejo relata lo mismo aunque cambiando este último nombre por Cranaos. 

Geográficamente era una ciudad de Caria aunque próxima a la frontera con Frigia. Prosperó razonablemente gracias a su ubicación en el curso medio del río Meandro, muy pocos kilómetros al sur de la anteriormente mencionada ruta Este – Oeste que comunicaba Éfeso (y el Egeo) con el interior de Asia Menor y el resto del oriente mediterráneo. También le vino muy bien la gran fertilidad de la comarca circundante (bien regada por las aguas del Meandro y de su afluente el Orsino) y el hecho de que fuera construido en sus inmediaciones un puente sobre el Meandro: muy utilizado durante los largos siglos en que se alzara en pie y que por tanto atraía a la ciudad toda clase de comerciantes, funcionarios imperiales, militares, artesanos y demás usuarios. 

En el año 189 a.C. el cónsul romano Cneo Manlio Vulsón pasó por la ciudad, camino del este, en el marco de su campaña contra los pueblos gálatas del interior de Anatolia narrada por el historiador Tito Livio.

Antiochia ad Maeandrum

Antiochia ad Maeandrum


Antiochia ad Maeandrum
Fotos 1, 2, 3 y 4.- Diferentes paramentos de mampostería correspondientes a la muralla medieval de Antioquía del Meandro.

sábado, 29 de octubre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 10, 1ª Parte. Laodicea ad Lycum.

Un nuevo día de sol nos recibe al amanecer del décimo día de viaje por Asia Menor. Estamos teniendo mucha suerte en lo que al tiempo climatológico se refiere, la verdad. Pamukkale se está empezando a desperezar cuando nosotros lo abandonamos por la carretera que conduce hacia el sur, en dirección a Denizli la capital provincial. No llevamos ni un cuarto de hora de travesía cuando un pequeño cartel marrón nos indica cómo llegar a las ruinas de la antigua Laodicea ad Lycum: la primera parada de un día que promete ser largo y muy cargado de historia.

Foto 1.- Torre de flanqueo de la Puerta Oriental de la muralla tardorromana de Laodicea.

El yacimiento de Laodicea, aunque conocido desde hace muchas décadas, lleva en excavación solamente unos cuantos años: tiempo que ha sido suficiente para exhumar un conjunto urbanístico de considerable monumentalidad, elocuente testigo de la gran riqueza e importancia que poseyera la ciudad en sus buenos tiempos. Nosotros nos disponemos a visitarlo previo abono de la tarifa correspondiente en la taquilla del yacimiento. Eso sí, antes vamos a conocer un poco su historia a fin de poder interpretar mejor lo que veamos cuando estemos dentro.

Foto 2.- Sillar labrado con inscripción griega localizado en el paramento externo de la torre de la foto 1.

sábado, 15 de octubre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 9. Hierápolis, 2ª Parte.

Nos encontramos fuera de la ciudad de Hierápolis, en su extremo septentrional, allá donde daba (y da) comienzo la principal necrópolis de la ciudad (punto 12 del mapa de la figura 1). La idea es entrar de nuevo en la urbe y, siguiendo las calzadas enlosadas, ir posando la atención solamente en los edificios tardorromanos y bizantinos. Conviene, pues, conocer de antemano la historia de Hierápolis correspondiente a tan turbulentos periodos, los cuales se extienden desde el comienzo de la anarquía militar (año 235) hasta el abandono de la ciudad en el pleno Medioevo.

Figura 1.- Plano simplificado del yacimiento de Hierápolis.

El siglo que engloba la segunda mitad del siglo III y la primera del siglo IV constituye una etapa de “tranquilo estancamiento” para Hierápolis que si bien por un lado se ve económicamente afectada por la caída de la prosperidad en todo el Imperio romano, por otro tiene la suerte de no sufrir los saqueos y depredaciones perpetrados por invasores bárbaros en diversas zonas de Asia Menor. Prueba de su relativa bonanza en época bajo imperial es la restauración de la escena del teatro atestiguada por vía epigráfica en el año 352. Desgraciadamente las cosas empeorarían bastante en la segunda mitad del siglo IV d.C. a raíz del grave deterioro causado en los monumentos de la ciudad por un nuevo terremoto. Si bien algunos edificios fueron reparados –es el caso del teatro--, otros no tuvieron tanta suerte, detalle éste que señala la incapacidad económica de la Hierápolis tardorromana a la hora de costear reconstrucciones de gran alcance. Es el caso paradigmático de la majestuosa ágora adrianea: abandonada en este momento y cuyas ruinas, ricas en materiales de calidad como mármoles y travertinos, serían sistemáticamente expoliadas durante los siglos posteriores. 


Fotos 1 y 2.- Tramo de la plateia localizado entre la puerta de Frontino y la puerta bizantina (Calle de Frontino). En la foto de arriba (1) vemos la mitad septentrional de éste y en la de abajo (2) la meridional.

sábado, 1 de octubre de 2016

Un repaso por las cecas imperiales operativas a la muerte de Constantino I (337 d.C.), 1ª Parte: la Prefectura de las Galias.

La prefectura de las Galias fue creada en el año 337 al objeto de configurar la porción de territorio a gobernar por Constantino II, el hijo mayor de Constantino el Grande. Se corresponde con el tercio occidental del Imperio Romano e incluía las provincias galas (incluidas las dependencias septentrionales fronterizas con el río Rin y los territorios bárbaros –Germanias-), las hispanas (incluida aquí la Mauritana Tingitana en el norte de África) y las britanas. 


Fotos 1 y 2.- La famosa Porta Nigra de Tréveri. Fue construida hacia el año 180 d.C., sirviendo de acceso a la ciudad desde el norte. Posteriormente fue utilizada como iglesia (lo que explica su excelente estado de conservación) para cual se le añadió un ábside en su flanco oriental. La foto 1 corresponde a la fachada exterior del edificio, la 2 a la interior.

En tan vasto territorio se encontraban operativas, a la muerte de Constantino I, tres cecas monetales, las cuales proseguirían sus acuñaciones durante el reinado de su sucesor. Estas cecas eran Tréveri, Lugdunum y Arelate las cuales vamos a conocer un poco. Londinium, la actual Londres, cesó sus emisiones en el año 325, razón por la cual no la incluimos en esta breve reseña.

Tréveri. Se corresponde con la actual Trier, en el oeste de Alemania, muy cerca de la frontera con el ducado de Luxemburgo. Fue fundada en el año 16 a.C., reinando Octavio Augusto en Roma, con el nombre de Augusta Treverorum: traducible por Augusta de los Tréveros, gentilicio éste último relacionado con el pueblo céltico que dominaba la zona a la llegada de los romanos y que había sido sometido por Julio César cuarenta años atrás.

Foto 3.- Ruinas de las termas monumentales de Tréveri erigidas a comienzos del siglo IV, reinado Constantino I. En sus buenos tiempos fueron las terceras más grandes de todo el Imperio romano.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 9. Hierápolis, 1ª Parte.

Pamukkale es una ciudad más bien pequeña que podría calificarse de turística dado el elevado número de hoteles que hay en ella, algunos de elevada categoría, pero que desde luego no lo es según los baremos occidentales ya que, fuera de los hoteles, exhibe un urbanismo algo degradado, con abundancia de bloques de viviendas muy humildes, calles estrechas, algunas mal asfaltadas, y escasos locales comerciales. 

El motivo principal de que haya tantos hoteles es la ciudad no es la proximidad de las ruinas de la ciudad grecorromana de Hierápolis sino la presencia de varias piscinas de aguas termales y las formaciones geológicas de travertino blanco que han hecho célebre a Pamukkale: desde luego muy curiosas y bonitas de ver, sobre todo al amanecer y al atardecer (foto 1).      

       Foto 1.- Vista de la ladera de la colina de Hierápolis, cubierta de blanco travertino.   

Nuestra intención era, como se puede suponer, visitar la mencionada Hierápolis. No obstante no dejamos de ver tampoco las formaciones de travertino aunque sólo fuera porque es necesario pasar por ellas, a pie y descalzo (a fin de no ensuciar las níveas superficies), para alcanzar las ruinas. Resulta una experiencia peculiar caminar descalzo por las lisas superficies de travertino blanco, no diremos que agradable sobre todo porque a finales de otoño la piedra está bastante fría. En principio intentamos caminar por las zonas secas pero pronto comprobamos que era mejor ir por en medio de las corrientes de agua termal (ricas en sales calcáreas cuya precipitación da lugar a las formaciones de travertino) no sólo por que se pasaba menos frío sino porque la propia pisada resultaba más cómoda y relajada. La subida a la colina donde se alza la ciudad, aproximadamente quinientos metros con una pendiente considerable, hay que hacerla de esta manera. Lo bueno es que la piedra no resbala en absoluto a pesar de su lisa superficie; de lo contrario los accidentes serían forzosamente frecuentes y tal ruta de acceso estaría con toda probabilidad prohibida. Sea como sea existe otra forma más convencional de llegar a las ruinas, incluso en coche, a la postre la que utiliza la mayoría de la gente.  

Figura 1.- Monedas de bronce acuñadas en Hierápolis durante el periodo imperial. De izquierda a derecha y de arriba abajo: 1.- AE16 semiautónomo del siglo II, 2.- AE18 en nombre del emperador Claudio, 3.- AE21 en nombre de la emperatriz Crispina, esposa de Cómodo, 4.- AE24 semiautónomo. Época de Filipo I el Árabe.

sábado, 27 de agosto de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 8, 3ª Parte. Trípolis ad Maeandrum

Yenicekent es el nombre de una pequeña población turca situada a una docena de kilómetros de la carretera general que comunica la autovía Izmir-Ankara con Denizli, a la sazón la capital de la provincia donde nos encontramos. A pocos kilómetros de su núcleo urbano duerme el sueño de los siglos la antigua ciudad de Trípolis ad Maeandrum (Trípoli del Meandro en castellano), objetivo de la segunda visita del día.

El yacimiento de Trípolis lleva pocos años en excavación, motivo por el que hay relativamente pocas estructuras exhumadas y, en general, resulta todavía poco conocido. Eso sí, lo que está apareciendo se encuentra en muy buen estado. Probablemente se convierta en un punto de referencia del turismo arqueológico cuando haya más que ver. No obstante, hoy en día ya es lo suficientemente atractivo para el estudioso toda vez que, aparte de lo ya exhumado, hay abundantes restos arquitectónicos en superficie con la entidad suficiente para extraer conclusiones de ellos. Nosotros lo recomendamos vehementemente.

Figura 1.- Moneda de bronce acuñada en Trípolis durante el periodo republicano.

El yacimiento tiene horario, está cercado y vigilado (por un guarda muy amable). De momento no hay que pagar entrada para pasar. Sólo está señalizada una parte, el resto de la visita hay que hacerla más a la aventura si bien no es difícil ya que toda el área ha sido cumplidamente desbrozada y enseguida se localizan las diferentes ruinas a lo lejos. 

Llegamos ya bastante avanzada la tarde, a eso de las cuatro. No queda mucha luz pues anochece muy pronto por estas tierras levantinas. Es por ello que nos abalanzamos sobre las ruinas casi sin mirar donde dejamos el coche… Conozcamos un poco la historia de Tripolis ad Maeandrum antes de visitarla.

Figura 2.- Selección de bronces tripolitanos acuñados durante los siglos I, II y III d.C.

Trípolis fue fundada con el nombre de Apolonia en el siglo III a.C., esto es en plena época helenística: una época muy turbulenta pero al mismo tiempo de fuerte expansión de la cultura griega. Inicialmente fue incluida en la región de Lidia, si bien muy cerca del límite con las regiones de Caria y Frigia. Su emplazamiento estaba bien pensado: justo en un cruce de caminos de primera magnitud los cuales comunicaban entre sí las citadas regiones y también éstas con la costa del Egeo (a poniente) y el interior de Anatolia (a levante).

sábado, 30 de julio de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 8. Sardis, 2ª Parte.

Nos encontramos desandando los escasos cientos de metros que separan al área del gimnasio de la pequeña carretera local que conduce hasta el templo de Artemisa por un paraje poblado de pequeñas viviendas y cultivos minifundistas. Debemos conducir algo menos de dos kilómetros para llegar a nuestro destino. Entretanto vamos a continuar con nuestro relato de la historia de Sardis…

Foto 1.- Muralla romana de Sardis. Siglos III-IV d.C. Núcleo de mampostería de cantos rodados aglomerados con mortero de cal.

En el año 296 d.C. Diocleciano, el Augusto principal, decreta una nueva división territorial del Imperio, diviendo en dos, tres, cuatro y hasta cinco nuevas provincias las antiguas provincias altoimperiales. Las nuevas provincias, mucho más pequeñas que las precedentes y por ende fáciles de controlar por el poder central (motivo principal de esta división), contaban cada una con su propio gobernador, equipo de funcionarios a su cargo y ciudad capital. A su vez las nuevas provincias se agrupaban en un nivel territorial superior llamado Diócesis, dirigida por un vicario imperial. Finalmente las diócesis se agrupaban en una Prefectura, con el correspondiente prefecto a la cabeza.

Foto 2.- Muralla romana de Sardis. Paramento externo de hiladas de mampostería regularizadas con ripios pétreos.

sábado, 16 de julio de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 8. Sardis, 1ª Parte.

Nos levantamos muy pronto el día 8 pues nuestros objetos de visita para la jornada son varios y además están bastante alejados entre sí. Aunque Izmir conserva algunos restos de la antigua Smyrna, concentrados en un área excavada no hace muchos años, preferimos dejarlos para otra ocasión a fin de consumir el menor tiempo posible circulando por la densa red de carreteras de la ciudad, que da servicio a sus casi tres millones de habitantes. Nos dirigimos pues hacia el este, camino de Lidia: la antigua región de Asia Menor fronteriza con la Jonia costera, cuyo territorio se extendía por los amplios parajes del extremo occidental de la gran meseta central de Anatolia. En el mapa de la figura 1 podemos situarla en relación al resto de regiones históricas de Asia Menor.

Figura 1.- Mapa de la península de Anatolia con sus regiones históricas.

Nuestro primer destino del día es la antigua ciudad de Sardis (Sardes en latín y castellano), que fuera capital de Lidia durante casi toda la Edad Antigua y cuyas ruinas se alzan hoy en día cerca de la localidad turca de Salihli. Cubrimos los 95 kilómetros que nos separan del yacimiento con facilidad, empleando una ancha autovía que, procedente de Izmir, se interna en línea recta en el interior de Turquía siguiendo una dirección casi perpendicular a la costa del Egeo.

La antigua Lidia es una comarca de paisaje variopinto donde alternan las llanuras con los parajes ondulados, en ocasiones elevados a la categoría de poderosas sierras. Se nota que llueve menos que en el área costera de donde provenimos, abundando menos la vegetación de tipo forestal en beneficio de los cultivos de secano. El amarillo va sustituyendo progresivamente al verde a medida que ascendemos por la ladera de la gran meseta anatólica. Predominan por doquier los terrenos arcillosos, tiñendo de rojo las tierras exentas de cubierta vegetal. El medio físico se parece, de hecho, al de muchas partes de la meseta central ibérica o meseta castellana, detalle éste que, para nosotros, le confiere un cierto aire de familiaridad al paisaje, lo que no sucedía en los territorios costeros: difíciles de comparar con algún territorio de España (tal vez la mitad norte de Cataluña).

Foto 1.- Vista general de las ruinas de los Baños principales de Sardis.

sábado, 2 de julio de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 7. Pérgamo, 3ª Parte.

Estamos en la puerta de la muralla de la acrópolis de Pérgamo, pisando las milenarias losas de la que fuera calzada principal de la ciudad, allá en su cota más alta, donde finaliza. Miramos por última vez al interior de la acrópolis antes de empezar a descender por la colina. Durante muchos cientos de metros no haremos otra cosa que bajar hasta llegar a la base de la colina, donde las últimas ruinas pergamenas dan paso a los edificios de la moderna Bérgama. Para orientarnos en nuestra visita extramuros vamos a subir de nuevo el plano de la entrada anterior (figura 1).

Figura 1.- Plano del yacimiento pergameno (colina fundacional).

Tras dejar a un lado los restos del Heroon y las estructuras habitacionales que conocimos en la entrada anterior, nuestros ojos se posan en una amplia explanada aterrazada que queda a nuestra derecha a una cota sólo ligeramente inferior a la de la acrópolis. En el centro de esta explanada se alzan los pobres restos de la que fuera la joya de la corona de la Pérgamo clásica: el célebre Altar de Zeus. Hoy en día no quedan nada más que algunos peldaños de su escalinata (foto 1 – punto 13 del plano) y unos pocos restos de muros informes, poco significativos. Pero cuando los alemanes lo excavaron a finales del siglo XIX estaba razonablemente bien preservado y tanto les gustó lo que vieron que consiguieron el permiso de las autoridades otomanas para desmontar pieza a pieza la estructura y trasladarla a Alemania, pudiendo contemplarla hoy en día en el museo de Pérgamo de Berlín. 

Foto 1.- Escalinata del Altar de Zeus.

El Altar de Zeus fue construido por el rey Eumenes II para conmemorar las victorias de su padre, Átalo I, sobre los bárbaros gálatas. Múltiples sillares de oscura andesita, pulcramente tallados, fueron utilizados durante su construcción, conformando una estructura muy elegante, de fuerte sabor helenístico. Finalmente la obra fue embellecida con multitud de paneles magníficamente esculpidos en altorrelieve, representando la “Gigantomaquia”, esto es la lucha primigenia entre los dioses del Olimpo, liderados por Zeus, y las fuerzas del inframundo, comandadas por Caos. Desde muy pronto el Altar de Zeus fue considerado una obra maestra de la arquitectura de su tiempo, atrayendo visitantes de todas partes del mundo helénico. Se piensa que el “Trono de Satán” ubicado en Pérgamo al que se refiere San Juan en su Apocalipsis (2: 2-16) era precisamente este espacio de adoración al dios supremo de griegos y romanos (éstos en su versión latina: Júpiter). En la actualidad los relieves escultóricos del altar de Zeus son considerados la obra cumbre de la escultura helenística. La magnífica representación artística de la figura 2 puede servirnos para admirar el aspecto que tuviera el altar de Zeus en sus mejores tiempos.

Figura 2.- Representación artística del Altar de Zeus. En segundo plano se encuentra el Santuario de Atenea, al fondo podemos ver el Trajaneum y el teatro helenístico.

sábado, 18 de junio de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 7. Pérgamo, 2ª Parte.

Una vez visitados todos los recuerdos de la mítica Pérgamo que guarda la actual Bérgama, nos disponemos a “asaltar” la colina fundacional de la ciudad y descubrir sus tesoros. Pero antes vamos a proseguir con el relato de la historia de la ciudad que, como se recordará de la anterior entrada, interrumpimos en siglo II d.C., en pleno esplendor de la gran urbe grecorromana.

Foto 1.- Plano del yacimiento de Pérgamo desde la Acrópolis a la parte baja de la colina fundacional.

El siglo III es el del comienzo de la decadencia de Pérgamo al igual que lo fuera para la inmensa mayoría de las ciudades del Imperio romano. En el año 262 resulta sacudida por un fuerte terremoto que daña gravemente sus estructuras, incluidas las defensivas, lo que es aprovechado, casi acto seguido, por los invasores godos que acechaban la costa de Asia Menor para saquear la ciudad. 

Foto 2.- Ruinas del Heroon de Pérgamo.

A principios del siglo V d.C. la gran mayoría la población de la ciudad se concentra en la llanura aneja a la colina, habiendo sido abandonada la práctica totalidad de la ladera meridional de la colina fundacional. Por su parte la acrópolis, aunque poco poblada, ha logrado conservar su carácter de centro del gobierno de la ciudad y solar de sus más preciados edificios. De hecho incluso ha sido dotada de fortificaciones mejoradas hacia el año 270 d.C., en prevención de un segundo ataque godo que afortunadamente no se produciría. Esto cambiará a raíz del triunfo definitivo del cristianismo y la que es una de sus más impactantes consecuencias: el abandono cuando no la destrucción de todos los edificios relacionados con el culto a los antiguos dioses. Dejaron así de ser mantenidos gran parte de los edificios monumentales de la acrópolis pergamena, lo que no tardaría en llevarla a su abandono parcial y subsiguiente expolio; incluso el Asclepion perdió rápidamente popularidad y quedó desierto. 

Foto 3.- Edificio rectangular contiguo a la entrada a la acrópolis.

viernes, 3 de junio de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 7. Pérgamo, 1ª Parte.

Bérgama es una típica ciudad de provincias turca, con tráfico denso, calles tirando a estrechas y edificios que raramente superan las tres alturas. Ocupa el lugar donde se alzaban los edificios de la Pérgamo tardorromana y bizantina temprana, al pie de la gran colina montañosa donde fuera fundada la ciudad griega. En la actualidad no queda de dichos edificios más que algunos restos aislados, poco sugerentes (foto 1).

 Foto 1.- Restos de un edificio romano, de mampostería hormigonada, localizados en el interior de la Bérgama moderna.

La ciudad es atravesada de norte a sur por una calle razonablemente ancha, en la cual se concentran la gran mayoría de los comercios, restaurantes y bancos. Muy probablemente se trate también de la calle principal de la Pérgamo tardorromana, concluyendo en los primeros escarpes de la colina fundacional. En el mapa de la figura 1 podemos ver la distribución de las diferentes áreas de asentamiento a lo largo de las épocas.

Figura 1.- Distribución cronológica de los asentamientos de la ciudad de Pérgamo.

En un momento dado vemos un cartel que envía a las ruinas del Asclepion, al oeste del área urbanizada. Hacia allá nos dirigimos, llegando apenas una decena de minutos después tras un breve discurrir por estrechas calles flanqueadas por bloques de pisos de humilde aspecto.

Foto 2.- La vía Tecta. En primer plano, vemos una tumba romana de buena factura.